martes, 10 de agosto de 2010

TIENE TODAS LAS ENFERMEDADES DE LAS LEYENDAS URBANAS


Es, siempre, muy curioso enfrentarte a un nuevo rumor que, a pesar de la falta de veracidad, siempre se asegura es cierto. "Me lo ha contado un amigo que dice que le sucedió a un amigo de su amigo...". Pero cuando tratamos de localizar a ese principal amigo, nunca aparece.

A este tipo de historia se las conoce como Leyendas Urbanas y las hay de todos los tipos, colores, gustos y sabores que se quieran. Desde leyendas que nos hablan de especies de insectos de otros países que llegan en plantas, brutales iniciaciones de bandas llegadas de países extranjeros, partes del cuerpo humano encontradas dentro de envases de refrescos, extrañas nieblas que nos conducen a lugares alejados, hablamos de distancias, incluso, de miles de kilómetros, o fantasmas que se aparecen en alguna curva perdida de una solitaria carretera.
Pero a día de hoy, que la tecnología está al alcance de cualquier mano y cualquier mente, estás leyendas llegan, habitualmente, por el medio del correo electrónico. Correos cadena, correos falsos en los que se avisa del cierre de cualquier red social, correos xenófobos en donde se remite el mensaje de alguna persona venida de fuera que se mofa de lo sencillo que es enriquecerse en nuestro país, etc, etc, etc.

Ahora si, uno de los que más me gusta es ese mensaje que te llega con la imagen de algún dulce niño/a que, por desgracia, padece alguna extraña enfermedad. Dentro del mensaje se detallan todos los datos personales del niño y, casi, su historial médico. Se nos informa, también, que si el mensaje es reenviado, cada reenvío será correspondido con una pequeña cantidad de dinero que alguna empresa desinteresada pagará para la cura o investigación de la extraña enfermedad.
Si nos fijamos con más detalle veremos que la empresa en cuestión acostumbra a ser de nacionalidad estadounidense. El hospital que llevará a cabo el estudio o la cura, también, pertenece a este país. Y resulta, extremadamente, absurdo que dicha empresa no pague directamente el tratamiento y espere que lleguen los miles de correos necesarios para sumar dicha cantidad. ¿Qué son unos cachondos con mucho sentido del humor? "Vamos a esperar a ver que sucede. Si llegan los correos el niño se salvará, sino la va a diñar que va a dar gusto."

Pero lo más escabroso es cuando nos damos cuenta que la foto del niño/a se repite en diversos correos que hemos recibido. ¡Dios mío! Además que el niño/a cambiado de nombre, de nacionalidad, de población y de enfermedad en cada mensaje nuevo. ¿Pero qué le pasa a este niño/a? ¿Qué lo pilla todo él/ella? ¡Tremendo!

Lo gracioso de estos mensajes es lo que todos ya intuimos: que este pobre infante no padece ninguna enfermedad (hay mensajes que aparecen con la imagen de algún niño discapacitado o con alguna malformación, que por desgracia, estos pobres niños sí que lo padecen).
Estos mensajes son enviados, el mensaje inicial, por alguien contratado por alguna empresa. Empresa que sí que paga una cantidad por mensaje que se consigue reenviar. Pero el dinero no va a parar a la cuenta de ayuda del niño, más bien va a parar a la cuenta del cara que crea el mensaje. De esta manera la empresa lo que consigue es una gran cantidad de correos electrónicos que podrá avasallar con mensajes basura o los también conocidos spam.

Es así como funciona este curioso fraude que no hace otra cosa que ensuciarnos el buzón de la cuenta de correo electrónico o, incluso, introducirnos algún que otro virus informático. Y como el ser humano es tan sensible y, a la vez, tan inocente, reenvía el mensaje a toda su lista de contactos. Así que niño/a = 0, Empresa= 1.

Para rematar la faena os contaré que me gusta guardar tan curiosos mensajes, en cuanto huelo que son leyendas, y hubo uno que me hizo reír hasta la saciedad. Era un mensaje como el ejemplo detallado arriba. Pero esta vez se trataba del hijo de uno de los compañeros del trabajo. Claro está que dicho compañero no era nombrado en el mensaje, pero la imagen de su hijo si salía en el correo. Que sorpresa tan tremenda cuando aquel niñito era exactamente igual que el niño de otro correo que tenía archivado. Así que Pepito, ahora, se llamaba Manolito, no tenía la enfermedad X, más bien la enfermedad Y y no era hijo de un compañero, era hijo de otro señor y vivía en otro país. ¡Pobres niños!

Lo mejor era que el correo me lo mandó otro compañero del trabajo y a este si que lo conocía bastante bien. ¡INOCENTEEEEEEE!

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