lunes, 4 de abril de 2011

AL DECIR ADIÓS...









Mi madre tiene una costumbre muy curiosa, tan curiosa que seguramente otras personas también la tienen, y es decir al despedirse: "Hasta mañana, si Dios quiere". A lo que yo siempre le respondo: "¿Por qué no va a querer?".

Es muy curiosa la magnitud que tiene una simple despedida, una simple frase o palabra en las personas.
Hasta mañana, adiós, hasta luego, ciao, bye, deu, nos vemos, ta luego, que vaya bien, ojito... y tantas y tantas maneras que utilizan las personas para despedirse de otras.

Las despedidas no implican que haya de ser una separación de duración prolongada, puede ser de unas horas, unos días o semanas. Cuando el tiempo de separación es muy largo, la palabra acostumbra a ir acompañada de representaciones físicas de afecto: besos, abrazos, estrechar las manos, golpecitos en la espalda... Es muy fácil de ver, cuando dos personas se dicen "hasta pronto" y se funden en un gran abrazo, esto nos hace saber que estas personas tardarán un tiempo en volver a reencontrarse. Si la cosa va acompañada de lágrimas podemos echarnos las manos a la cabeza, el drama está garantizado.
Estas son las despedidas que uno trata de apartar porque después de ella te golpea un estado de bajón horrible.

Una de mis despedidas favoritas son esas que llamo "de segundo". Vas por la calle y ves venir de frente a alguien con quien no te quieres parar a hablar, así que aprietas un poco el paso y casi cuando ya estáis a la misma altura le das un saludo de esos de sorpresa "¡¡Hey!!" seguido de un "¡¡venga, que vaya bien!!" o un guiño de ojos seguido de un "¡¡hasta luego!!" alargando la "o", claro está. Son como un golpe de esos de películas de karate, rápidos, directos, sin dar tiempo a reaccionar a la otra persona. ¡Zas, zas! y a seguir camino.

Luego están aquellos que te sirven para saludar a gente que no está en ese momento: "hasta luego, por cierto, mándale recuerdos a tu hermana de mi parte". A la hermana, al padre, a la madre, al hermano, al sobrino, al abuelo... a quien haga falta. Pero siempre lo decimos cuando ya hemos iniciado la marcha para seguir nuestro camino, levantando un poco la voz para que el resto de viandantes se percaten de a quien mandamos saludos.

¿Y esas despedidas "de abuela"? No dicen nada, pero antes de que salgas por la puerta te agarran la cara y comienzan a darte besos. ¡Mua, mua, mua, mua! seguido de algún "que guapo/a que es mi niño/a". Pero a las abuelas no se le puede reprochar nada, sólo que quieran limpiarte alguna mancha que tienes en la cara con el pulgar mojado en su propia saliva o chupando una punta del pañuelo que llevan, pero esa ya es otra historia.

Jo, cuantas maneras hay de despedirse. Pero las mejores, aquellas que todos deberíamos imitar son la manera que tienen los niños de despedirse. Ellos en el momento en que escuchan que se van se levantan, se van para la puerta, la abren y salen para fuera. Es entonces cuando la madre o el padre lo llaman y le preguntan si no va a despedirse, a lo que el niño responde, con un poco de suerte "¡adiós!" cuando antes no ha dicho un rotundo "¡NO!".
Si es que deberíamos fijarnos más a menudo en los niños.

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